EL PAPA LEÓN XIV EN MALABO: «EL EVANGELIO NOS LIBERA DE TODA ESCLAVITUD Y NOS HACE PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA»

Ante miles de fieles congregados en el estadio de la ciudad de Malabo, el Santo Padre inicio la homilía dando el pésame a la comunidad archidiocesana, a los hermanos sacerdotes y a los familiares por el fallecimiento, de su Vicario General, Monseñor Fortunato Nsue Esono y llamó a la Iglesia de Guinea Ecuatorial a ser una comunidad «hospitalaria» y comprometida con la justicia, tomando como ejemplo el encuentro bíblico entre el diácono Felipe y el dignatario etíope.

En una histórica y multitudinaria Santa Misa celebrada en el estadio de Malabo, el Papa León XIV ofreció una profunda reflexión sobre el poder transformador de la Palabra de Dios y la Eucaristía. Durante su homilía, el Pontífice instó a los fieles a no ser meros «espectadores» de la fe, sino protagonistas de un relato de salvación que alcanza especialmente a los oprimidos y marginados.

Tomando como eje central el pasaje de los Hechos de los Apóstoles sobre el eunuco de Etiopía, el Santo Padre destacó la figura de este «viajero que regresa a África». El Papa describió al personaje bíblico como un hombre culto y rico, pero marcado por la falta de libertad plena debido a su condición de esclavo y su incapacidad de generar vida.

«Precisamente mientras regresa a su patria, África, el anuncio del Evangelio lo libera», afirmó el Papa. «Al recibir el bautismo, ya no es un extraño, sino que se convierte en hijo de Dios, en nuestro hermano en la fe». Con esta analogía, el Pontífice subrayó que la fe es un acto eclesial que rescata al ser humano de sus propias fatigas y cadenas.

El Santo Padre contrastó el maná del desierto con la Eucaristía, definiendo esta última como el «sacramento de la alianza nueva y eterna». Ante los desafíos actuales, recordó que mientras el alimento material es temporal, el «pan de vida» ofrece una esperanza que Dios hace posible frente a la «desesperación cierta».

«Si estás oprimido por la injusticia, él es la justicia; si tienes miedo de la muerte, él es la vida; si estás en las tinieblas, él es la luz», exclamó el Papa citando a San Ambrosio.

En el tramo final de su mensaje, el Santo Padre lanzó un mensaje citando su exhortación Evangelii Gaudium. Advirtió sobre la «tristeza individualista» que brota de un corazón «cómodo y avaro», el cual cierra las puertas a los pobres y deja de escuchar la voz de Dios.

«Cuando la vida interior se clausura en los propios intereses, ya no hay espacio para los demás», señaló, diciendo a la comunidad que su testimonio de fe se traduzca en gestos concretos de servicio, perdón y, sobre todo, en un compromiso activo con la justicia y la solidaridad.

El Papa concluyó su homilía animando a la Iglesia local a continuar con la labor de los primeros discípulos. Pidió a los ecuatoguineanos ser «anunciadores apasionados» y a vivir de tal manera que la Palabra de Dios se convierta en «pan bueno para todos».

La celebración terminó entre cantos de alegría y una ovación cerrada, dejando en Malabo un mensaje de renovación espiritual y compromiso social para toda la nación.

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